Por el Columnista Dr. Fernando Osores.
No cabe duda que el Perú del 2012 es un país mucho más sólido y preparado económicamente para los tiempos difíciles que ya se viven a nivel global, no sólo en los aspectos económicos.
Hoy hemos superado los 50 mil millones dólares en reservas y nuestra economía refleja cifras macroeconómicas saludables.
Sin embargo, somos también un país con grandes inequidades sociales permitidas y generadas por un estado históricamente indiferente al objetivo fundamental de todo desarrollo, es decir el ser humano mismo y la sociedad en el que este vive, de ahí la brecha en el reparto de la riqueza que genera todavía una gran pobreza en parte de nuestra población a pesar del crecimiento de nuestras actividades productivas renovables y no renovables; de ahí el terrible déficit en salud, educación y seguridad nacional externa e interna con calidad; de ahí las continuas dudas de que el particular y exitoso modelo económico peruano y su democracia puedan ser socavadas por el extremismo violentista que reciclado bajo distintas fachadas intenta en la actualidad infiltrar nuestro estado de derecho para justamente destruirlo desde dentro, vendiendo ideas de revoluciones trasnochadas en el tiempo y que únicamente reparten pobreza, injusticia e informalidad.
Minería informal o ilegal
Ejemplo de esto es la minería informal e ilegal que no paga impuestos, que no responde a los delitos ambientales, que no realiza estudios de impacto ambiental y en salud, y mucho menos peritajes internacionales.
Hace unos días cuando sobrevolaba la región de Tambopata en Madre de Dios veía la devastación producida en Huaypetue por esta minería irracional y caótica y me preguntaba donde estaban las ONGs defensoras del agua y el suelo, donde estaban estos pseudoambientalistas pagados por los brazos filantrópicos de grades poderes económicos internacionales que no les conviene para nada que el Perú se desarrolle.
También me cuestionaba a que mineros informales asentados en esta zona se les va a pedir que arreglen este desastre ecológico, a cuales se les va a exigir el cierre de este tremendo desierto artificial excavado hasta la roca en medio de la Amazonía, quienes pagarán las actividades de renaturalización del área trabajada como si lo están obligadas hacerlo las empresas mineras formales del siglo XXI, a través de sus planes de cierre de minas y otras normas que deben cumplir.
No había terminado de hacerme estas preguntas cuando pude observar nuevas zonas devastadas por la minería informal ilegal en la zona denominada quebrada Huacamayo y los famosos Deltas, y que hasta hace poco tiempo no eran observables con tanta nitidez y eso que la nubosidad no me permitió tomar un vista aérea en toda su amplitud en estos nuevos frentes informales de extracción aurífera aluvial en donde la destrucción del bosque, la contaminación por mercurio, la trata de personas y la prostitución asociada es cosa de todos los días.
Salvo esta, cuando por alguna noticia mediática necesaria para la ciudad capital de Lima, la mayoría de mineros informales desaparecen para que entre la policía y el ejército y los que se quedan son parte del espectáculo habitual de inhabilitación y destrucción de algunas maquinarias. Luego una vez terminada la intervención vuelven los mineros informales con maquinaria nueva o reparada y siguen trabajando en el desorden y destrucción de siempre, enriqueciendo a unos pocos y empobreciendo a la Región de Madre de Dios.
Miles de trabajadores mineros sin derechos laborales sólo subsisten con el porcentaje de oro que reciben, el cual en su mayoría es gastado en alcohol y prostitutas, que les son provistos en los campamentos mineros alentado el reenganche por deudas de estos mismos trabajadores de manera continua.
Nueva zona de minería informal
Nueva zona de minería informal ilegal sobre la zona de quebrada Huacamayo.
Estas zonas en Madre de Dios, son sólo un ejemplo de la minería informal en el Perú la que ocurre también en Puno y otras regiones no sólo de selva sino alto andinas.
Sin embargo, lejos de preocuparnos por la informalidad y sus nefastos resultados, la mayoría de los peruanos estamos encandilados, hipnotizados, casi hechizados por los discursos demagógicos y que a raja tabla vierten grupos minoritarios de extremistas que se oponen a cualquier actividad productiva extractiva formal, pretendiéndonos hacer creer que en el caso de la minería formal, ésta aún usa las antiguas prácticas productivas y extractivas que con la innovación tecnológica y el nuevo conocimiento científico producido por la humanidad, han quedado totalmente obsoletas y prohibidas, pero que generaron daños ambientales cuya acumulación se remonta desde los principios del siglo XX hasta los finales de la década de los ochenta ya que la cultura y noción del cuidado del medio ambiente y responsabilidad social eran prácticamente inexistentes y tardaron casi ocho décadas en madurar y tomar importancia para la sociedad civil y el estado.
Ataques contra la minerìa formal
Es bajo este argumento que se ataca a la minería formal del siglo XXI, esa que tiene que llenar todos los registros y cumplir con todos los requisitos que el Estado de derecho impone, esa que paga impuestos y da derechos laborales, esa que está obligada a tener un plan de cierre de minas y que puede ser demandada nacional e internacionalmente por delitos ambientales, si dejan pasivos ambientales durante y después de realizada la labor de extracción.
¿Es a esa minería moderna que tiene que cumplir tanto con estrictas reglas ambientales como de inclusión social y que crea miles de puestos de trabajo de manera directa e indirecta a la que queremos destruir?.
Es tal vez por eso que las noticias sobre las inversiones extranjeras en el Perú son expresadas en sentido condicional: “Se esperan 50 mil millones de dólares de inversión en los próximos tres años o el potencial de inversión del Perú para los próximos tres años es de US$ 50 mil millones”.
De que depende que esta actitud en condicional se convierta en afirmativa y que en un momento de crisis económica mundial la inversión venga al Perú y no a otros países con los que competimos.
Paz y equidad social en el Perú
Pues la respuesta radica en que haya paz y equidad social en el Perú, con una normativa legal clara y firme que no esté sujeta a los intereses del poder económico de las grandes empresas que invierten en el país, pero tampoco a cambios de último momento cada vez que ocurren levantamientos con agendas propias de ciertos caudillos que instan a las tomas de carreteras, destrucción de la propiedad pública y privada oponiéndose a todo tipo de progreso y lo que es peor haciendo creer a muchas peruanos que el Perú es una nación dividida por regiones y territorios autónomos y donde cada quien hace en ellos lo que le viene en gana.
El Perú es uno sólo, sus recursos naturales son de todos los peruanos y todos somos ciudadanos de primera categoría en cualquier lugar del territorio nacional.
Del Estado y no de las empresas depende que la riqueza que se genera en cada región y engorda el presupuesto público sea gastado adecuadamente generando desarrollo e inclusión social.
Finalmente, no olvidar que nuestro propio ministro de Economía ha señalado: "Lo importante es que se materialicen esas inversiones para crecer a tasas de 6% en los próximos años".
Sin crecimiento económico y una clase media fuerte será muy difícil vencer la inequidad y la pobreza.
El Dr. Fernando Osores Plenge. Médico Clínico-Investigador, Magíster en Enfermedades Infecciosas y Tropicales por la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
Miembro Fundador e Investigador Principal del Instituto de Investigación en Ciencias Biomédicas y Profesor de la Facultad de Medicina Humana de la Universidad Ricardo Palma.
Miembro del Comité Editor y Editor Ejecutivo de la Revista Acta Médica Peruana, Órgano oficial de difusión científica del Colegio Médico del Perú.
Director de Salud Ambiental del Centro de Investigación para el Desarrollo Ecosaludable de la Amazonía (CIDEAM).
Con experiencia en proyectos relacionados a enfermedades infecciosas y tropicales emergentes y reemergentes, salud, educación ambiental y cambio climático, así como en la ejecución de proyectos sobre Ecosalud.
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