Por el columnista. Dr. Fernando Osores Pengle
Existen múltiples problemas ambientales asociados con la deforestación, el consumismo humano descontrolado, el capitalismo usurero y el extremismo anticapitalista a ultranza, la explosión demográfica de la humanidad entre otros. Estos problemas son variopintos y como ejemplos podemos citar las hambrunas, inundaciones, pérdida de suelos aptos para la vida, desertificación, aparición de enfermedades, guerras por recursos, entre otros.
A veces tenemos la impresión de que estos problemas son exclusivos de nuestro tiempo y lo que es peor exclusivos del Perú. Nada más errado.
Tomemos como ejemplo los recursos naturales de los grandes bosques en el planeta
Grandes áreas de superficie de la Tierra fueron despojadas de su cubierta de árboles mucho antes de la época moderna.
Hoy en día sería difícil de creer que en la antigüedad extensos bosques de cedros pertenecientes a las familias de las Pináceas crecían en el Medio Oriente. Estos bosques prácticamente han desaparecido y su explotación por la humanidad naciente esta registrada unos 3000 años a.C. en "El viaje de los bosques", una parte de La epopeya sumeria de Gilgamesh.
Las actividades extractivas caracterizadas por la brutalidad y la poca inteligencia son tan antiguos como la propia existencia del ser humano, curiosamente el animal dotado con una inteligencia superior al resto de los seres vivos terrestres.
El objetivo de esta actividad siempre ha sido el mismo: proveer de materia prima a programas masivos de construcción que permitan mostrar el poder y riqueza de una sociedad sobre otra.
Desde los fenicios, una de las más antiguas naciones con un apetecible comercio marítimo en el mundo, pasando por las épocas de la conquista del nuevo mundo y sus protagonistas europeos, todos sin excepción han destruido el bosque para utilizar la tierra con fines agrícolas y ganaderos así como para extraer madera de los bosques con los que construyeron sus barquitos, sus ciudades y planificaron la conquista y robo de los recursos naturales de otras latitudes, como por ejemplo el oro y la plata que a diestra y siniestra se llevaron de Perú y México rumbo a la “Madre Patria”.
Sin la abundante disponibilidad de madera, Europa nunca hubiera podido llevar a cabo su expansión geográfica a modo de colonias, tampoco su expansión comercial y la impajaritable migración poblacional que produjo pasiones y romances idílicos -, algunos tan famosos como el de Pocahontas inmortalizado en el cine por la empresa Disney- así como grandes holocaustos de pueblos nativos, sino me cree vea la película “danza con Lobos” que barrio con los premios Oscar en 1991.
Todo esto permitió el intercambio genético entre poblaciones “el mestizaje”, claro esta que también en medio de las pasiones humanas intercambiamos muchas enfermedades infecciosas que de ser locales o regionales se convirtieron en globales, y eso, que en esa época viajar de un lugar a otro distante era una verdadera odisea si lo comparamos con las facilidades del transporte contemporáneo que nos moviliza en cuestión de horas de un lugar a otro del mundo.
Conversión de madera a carbón
Los primeros signos de escasez de madera en el viejo continente fueron percibidos ya desde el siglo XIV y se agudizaron con la crisis energética de la conversión de madera a carbón con fines principalmente de calefacción y producción de productos del hierro, otro recurso natural de los tantos que todos utilizamos aunque nos rasguemos las vestiduras.
Sólo durante el siglo XVIII Europa abandonó paulatinamente el carbón vegetal por el mineral. La revolución del carbón convirtió a Inglaterra en el primer país en salir de la era energética del carbón de madera para ingresar a una nueva matriz basada en el carbón mineral que pauto el inicio de la verdadera revolución industrial.
Durante todo este tiempo Europa destruyó no solamente la mayoría de la áreas boscosas de su continente sino que también inicio la destrucción de los bosques asentados en sus colonias de ultramar, lo que luego fue seguido por la inherente necesidad de desarrollo de otras naciones en aquellos tiempo emergentes y que necesitaban “desarrollarse” para ser las potencias que son en la actualidad. Estados Unidos y Canadá son dos claros ejemplos.

Luego vendría el automóvil y con el la industria del petróleo. Dos grandes guerras mundiales y muchas otras de carácter regional sacudirían en el siglo XX a la humanidad y asociado a esto se produciría hasta la actualidad una gran y constante inversión en ciencia buscando una renovada innovación tecnológica que asegurara el desarrollo y que dividiría desde entonces y hasta el presente a los países en dos grandes grupos: lo desarrollados y ricos por un lado y los sudesarrollados y pobres por el otro. Últimamente algunos países como Brasil, China y la India se han reclasificados en emergentes, pues decidieron romper las cadenas de la esclavitud tecnológica y apostar por su desarrollo para dar el gran salto hacia el primer mundo.
Lamentablemente el Perú siempre ha estado en este segundo grupo de pobreza e inequidad y aunque en la ultima década la esperanza de ver la luz del crecimiento y desarrollo sostenible vigorizaron nuestra sociedad y economía, pareciera que el interés de unas minorías extremistas y recalcitrantes subvencionadas por la doble moral de los intereses primer mundistas pondrían poner en riesgo todo lo avanzado, pretendiendo que vayamos en dirección contraria al desarrollo histórico de las sociedades humanas.
Así es la vida y la historia en el Perú, lejos de unirnos como hermanos y dialogar para generar un futuro mejor que garantice en el presente y futuro nuestra prosperidad y el crecimiento de una clase social media poderosa que rompa con la inequidad social y fortalezca la democracia y el estado de derecho, preferimos estar indiferentes. Por ello tal vez es que a los peruanos “En la puerta del horno se nos quema el pan”.

El Dr. Fernando Osores. Médico Clínico-Investigador, Magíster en Enfermedades Infecciosas y Tropicales por la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
Miembro Fundador e Investigador Principal del Instituto de Investigación en Ciencias Biomédicas y Profesor de la Facultad de Medicina Humana de la Unive
rsidad Ricardo Palma.
Miembro del Comité Editor y Editor Ejecutivo de la Revista Acta Médica Peruana, Órgano oficial de difusión científica del Colegio Médico del Perú.
Director de Salud Ambiental del Centro de Investigación para el Desarrollo Ecosaludable de la Amazonía (CIDEAM).
Con experiencia en proyectos relacionados a enfermedades infecciosas y tropicales emergentes y reemergentes, salud, educación ambiental y cambio climático, así como en la ejecución de proyectos sobre Ecosalud.
Dr. Fernando Osores
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