En muchos casos, el dolor crónico no se diagnostica hasta pasados unos años, cuando el paciente decide visitar al médico, algo que ocurre de manera más frecuente entre las mujeres. En general, esta demora se achaca a que es soportable y los afectados lo interpretan como un fenómeno normal.
La angustia y el malestar que provoca se transforman de forma paulatina en una sensación común no agradable, pero que llega a ser tolerable y, por tanto, conviven con él.
Otros motivos para no recurrir al médico son el precio de los tratamientos (se estiman demasiado caros), la escasa eficacía o la posibilidad de causar efectos secundarios.
Con todo, los especialistas insisten en que es importante no automedicarse y consultar el médico. Incluso puede ser necesario aceptar la necesidad de tratamiento psicológico. Sufrir dolor crónico puede afectar a la vida en todos los aspectos: pareja, trabajo, amistades y tiempo libre. Incluso provoca ansiedad, depresión o insomnio, entre otros. (Fuente: Consumer.es)
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