En general, entre el 11% y el 38% de los niños experimentó algún tipo de dolor crónico. Además, estas tasas han aumentado durante las últimas décadas y se incrementan aún más con la edad.
Resultados como estos argumentan que investigadores y médicos deben ser conscientes de la importancia de la afección infantil y de sus consecuencias a largo plazo. Si se detectan las causas, se podría intentar reducir sus efectos negativos cuando los afectados alcancen la madurez.
El dolor persistente o recurrente puede provocar que los niños falten a la escuela y socialicen menos. A la vez, aumenta el riesgo de desarrollar ansiedad, depresión y baja autoestima.
(Fuente: Consumer.es)
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